Una de las perlas del litoral mallorquín, algo modificada por la mano humana, pero que aún conserva su primitivo carácter agreste.
Entre pequeños acantilados y un bosque de pinos, aparece esta cala protegida de los vientos, excepto de aquellos que vienen del Sur.
Con una ubicación privilegiada que la convierte en puerto natural, fue elegida por el último pirata del Mediterráneo para establecer allí una de sus residencias. Juntamente con Sa Torre Cega -actualmente una de las sedes de la Fundación Bartolomé March-, se asoman sobre esta pequeña playa de gran belleza.
Desde el puerto de Cala Ratjada y por un camino peatonal, existe un acceso a este pequeño arenal, poco concurrido por los turistas pero muy conocido por los residentes de la zona.
Sus aguas y fondo marino forman parte de la Reserva Natural de Llevant, donde se intentan preservar sus bosques de posidonia -alga que se dice que confiere a esta agua su trasparencia y calidad- y que convierten a esta zona en un destino perfecto para bucear y disfrutar de la diversidad de la flora y fauna marina.